jueves, 17 de diciembre de 2009

Avatar, Cameron reinventa el cine

Avatar, Cameron reinventa el cine"La película que cambiará el curso de la historia del cine". Suena a presuntuosa estrategia de marketing, pero en cierto sentido no deja de ser verdad. Antes de recaudar un sólo dólar, Avatar ya ha alterado el cine de entretenimiento tal y como lo conocemos. Cada uno de los directores que visitaron el plató y después comprobaron el resultado final -Peter Jackson, Steven Spielberg...- está trabajando en largometrajes 3D con la tecnología desarrollada por James Cameron. «Avatar será el conejillo de indias», admite el realizador, que este viernes verá al fin en las salas de todo el mundo el fruto de doce años de trabajo.


Una pena que su estreno coincida con la mejor racha del cine español en mucho tiempo. Spanish Movie y Planet 51 mermarán sin duda sus recaudaciones a partir de ahora con el desembarco de una película que ha ido más rápida que la industria de la exhibición. Y es que el autor de Titanic la concibió para ser vista exclusivamente en 3D. El parque de salas todavía no ha acometido su reconversión digital, así que la explotación de una superproducción necesita del celuloide tradicional para ser amortizada.

Con todo, Avatar marca un antes y un después en la historia del cine 3D en España. Sale con 750 copias y se podrá disfrutar con gafas en 222 pantallas, todo un récord en nuestro país. Lo ideal es gozarla en una sala equipada con proyección digital. Los más sibaritas ya han preparado su viaje a Madrid y sacado entrada en la sala 25 de Kinépolis, la favorita de Álex de la Iglesia. 1.000 butacas, pantallón de 25x10 metros y sonido THX. Proyector CP-2000-SB, el más potente del mercado con 12.000 watios. Y gafas XpanD activas con cristales LCD, que proporcionan una estereoscopia perfecta sin imágenes residuales ni cansancio ocular.

Valga la parrafada técnica para remarcar el plus del 3D, la principal baza de Avatar en la era de la piratería. Sin estrellas en su reparto, sin novela ni mitología previa, Fox confía en el tirón de Cameron, autor de la -todavía- cinta más taquillera de la historia: Titanic. Un chalado de la tecnología que trataba a Stanley Kubrick, se ha jugado el tipo en las profundidades del océano rodando documentales y ha formado parte del consejo asesor de la NASA. El director canadiense siempre ha querido repetir el impacto trascendental que le provocó 2001: Una odisea del espacio cuando la vio con 14 años. No paró hasta entender cómo danzaban las naves en el espacio al ritmo de Así habló Zaratrusta. Cada una de sus películas -Terminator, Aliens, el regreso, Abyss- ha ido un poco más allá en el campo de los efectos especiales.

Espíritu ecologista

Avatar tiene 3.000 planos de efectos digitales y ha costado 250 millones de dólares; en términos informáticos, ocupa 1.000 terabytes, mientras Titanic cabía en 2. Más allá de las cifras, Cameron siempre ha unido a su condición de director taquillero un firme pulso dramático. No dejó un ojo seco cuando el mar se tragaba a Leonardo DiCaprio. Y en 'Avatar' también se ha sacado de la manga una historia de amor pelín más bizarra. La protagonizada por un marine minusválido y una alienígena de tres metros de altura que vive en una luna llamada Pandora.

«Quería crear un tipo de aventura corriente en un ambiente poco corriente», reconoce Cameron. «Encajar el clásico cuento del recién llegado a una tierra extranjera en un planeta exterior. La historia en su diseño es clásica con sus gruesos brochazos, pero con cantidad de giros y vueltas en la recámara. Desde que era niño, cuando leía libros de ciencia ficción y dibujaba criaturas extraterrestres en clase de matemáticas, había soñado con crear una película ubicada en otro mundo de grandes peligros y bellezas».

Avatar son dos filmes en uno. La primera parte presenta al protagonista (Sam Worthington) y al Programa Avatar desarrollado por una doctora (Sigourney Weaver), que le permitirá infiltrarse en Pandora transformado genéticamente en uno de sus habitantes, un Na'vi. En la segunda parte desaparecen los actores de carne y hueso y emerge un universo que no necesitó platós. Un mundo virtual con árboles fantásticos, montañas que levitan y criaturas que dejan a los dinosaurios de Parque Jurásico a la altura de un dibujo animado.

«Bailando con lobos en el espacio; Pocahontas con una pizca de Halo; Ferngully 2...». A muchos críticos les defraudó los minutos de metraje que Cameron desveló el pasado agosto. Hasta salieron mareados con tanto vuelo y batalla filmados en primera persona, como un videojuego. El espíritu humanista y ecologista, tan propio de hitos de la ciencia ficción como Star Trek, no basta si se promete el no va más en experiencias sensoriales.

Cuatro millones de internautas vieron el tráiler en Apple.com. Otra cosa es que salgan de sus casas y conduzcan hasta un centro comercial para pagar una entrada. James Cameron cruza los dedos: «Espero que los espectadores salgan del cine diciendo: 'No he visto una película, he experimentado una película'».

larioja.com

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